Meteoros (”estrellas fugaces”) y Radiantes de Meteoros
Los meteoros, conocidos coloquialmente como “estrellas fugaces”, son restos de cometas en su mayoría, y en menor grado de asteroides, que quedan esparcidos en las trayectorias orbitales de estos objetos del Sistema Solar. Todos los días caen tales restos a la Tierra, atraídos por la gravedad terrestre, razón por la cual, al levantar la mirada al cielo nocturno y aguardar un poco, seguramente se avistará algún trazo luminoso con su raudo movimiento entre las estrellas.
Se estima que el tamaño típico de un meteoro está en el orden del de un grano de arroz, aunque también pueden ser un poco mayores y al desplazarse en el firmamento pueden verse bastante más luminosos, de allí que suelen llamarse “bolas de fuego” o “bólidos”, dada su espectacularidad.
El brillo de las bolas de fuego suele ser mayor o igual al del planeta Venus, el tercer objeto más brillante del cielo, después del Sol y la Luna. El de los meteoros, es siempre menor. En ocasiones, los bólidos se fragmentan, produciendo trazos menores, incluso pueden producir un chasquido y hasta dejar una pequeña estela de humo.
Los meteoros pertenecen a la categoría de los Meteoroides, donde también están los meteoritos. Estos últimos son meteoros que sobreviven al paso a través de la atmósfera de la Tierra y chocan con la superficie de nuestro planeta.
Como se mencionó al comienzo, todas las noches se pueden avistar meteoros, pero hay fechas en las cuales el número de ellos se incrementa notablemente, en cuyo caso se habla de Radiantes de Meteoros o “Lluvias de Estrellas Fugaces”, en términos coloquiales. El término radiante se refiere sencillamente a un efecto de perspectiva, que se hace evidente al dibujar los trazos de los meteoros en un mapa del cielo y prolongarlos hasta intersectarlos en un punto, llamado “punto radiante” o simplemente, radiante.
Así las cosas, inevitablemente un radiante estará ubicado en una zona o constelación del firmamento, por lo cual derivará su nombre de aquella, o en algunos casos, de una estrella brillante muy cercana al radiante de tal constelación. Algunos radiantes famosos son: Leónidas, que pueden observarse a mediados de noviembre, Perseidas (agosto), Oriónidas (octubre), Eta-acuáridas (mayo), Líridas de abril, Gemínidas (diciembre) y Cuadrántidas (enero), entre otras.
Las Eta-acuáridas y las Oriónidas se originan por los fragmentos del famoso cometa Halley, que cada 76 años se aproxima al Sol. Derivan su nombre de la estrella Eta de la constelación de Acuario y de la constelación de Orión, respectivamente. Las Gemínidas (constelación de los Gemelos) tienen su progenitor en el asteroide 3200 Phaeton y hasta ahora es el único radiante asociado a un asteroide. Su relación se estableció en 1983 al ser descubiero dicho asteroide por el satélite astronómico IRAS y ser analizados sus parámetros orbitales por el astrónomo Fred Whipple, quien anunció su similitud con los del radiante de las Gemínidas. Las Perseidas, por su parte, están relacionadas con el cometa Swift-Tuttle y derivan su nombre de la constelación de Perseo. Las Líridas de la constelación Lira y las Cuadrántidas de una constelación ya desaparecida llamada “Cuadrante Mural”, creada por Jérôme Lalande in 1795, y que ahora forma parte de la constelación del Boyero. No obstante, conserva su nombre original que data de 1830.
Vínculos útiles:
Centro de Investigaciones de Astronomía, CIDA (calendario astronómico)
International Meteor Organization (en inglés)
EarthSky (en inglés)